Esta semana hemos vivido uno de esos momentos sencillos pero llenos de significado que tanto nos gusta compartir en la residencia.
Una de nuestras trabajadoras ha tenido el detalle de traer unos pollitos para que los residentes pudieran verlos, tocarlos y disfrutar de una experiencia diferente y muy especial.
El contacto con animales, aunque sea en momentos puntuales como este, despierta emociones, recuerdos y ternura. Hemos podido observar cómo muchos residentes conectaban con la experiencia, mostrando curiosidad, sonrisas e incluso compartiendo vivencias de su infancia vinculadas al entorno rural.
Este tipo de iniciativas, que nacen de la sensibilidad y la implicación del equipo, contribuyen de manera muy positiva al bienestar emocional de los residentes y a hacer del día a día un entorno más vivo, cercano y humano.
Gracias por estos pequeños grandes gestos que marcan la diferencia 💛
